Mi nombre es María Fernanda Gutiérrez, nacida del encuentro de Elsa y de Ricardo, allá por el año ´65; según cuentan las buenas lenguas, fui una niña muy buscada (siempre me llamó la atención esta expresión...).
Llegué a un hogar que tenía un mar de emociones en proceso, como océano Indico en época de monzones; así y todo, mi percepción hoy, es de infancia feliz.
Me saltearé algunos capítulos, que puedo contarles si un día compartimos un rico té, para ir a lo que nos ocupa. Entre ese primer capítulo y el momento en que tuve uso de razón, comenzó a brotarme por los poros mi verdadera esencia de bruja nómade y escriba... por supuesto que en aquel tiempo no lo sabía y fue un verdadero padecimiento.
Cuando pude hacer una mochila, supe que además de mi corazón, debía cuidar mis pies, pues ellos me llevarían a infinidad de desiertos, montañas y jardines. Hice "vuelos cortos" que fueron muy enriquecedores, pero luego llegaron los otros, los que me permitieron entender qué era la distancia, y cómo se siente y se piensa en otras latitudes, que no eran la mía.
Mientras ocurría ese andar, me formé como lectora de Registros Akashicos, como reikista Usui y Karuna, como maestra de Magnified Healing y en activación de la Glandula Pineal; todo esto me dió una comprensión de mí misma y del Universo que me rodeaba, donde el único centro era la plenitud de consciencia. Y así llegaron poco a poco las revelaciones y el entender otros lenguajes, como el de las plantas, los cristales... y todo aquello que los humanos no nos animamos a decir, pero se expresa claramente en la mirada, en la sonrisa y en la respiración.
Créanme que poner la intención en que todos seamos escuchados, es una tarea generosa y fantástica.
Así como en Córdoba (Argentina) conocí abuelas medicina, que me enseñaron a sanarme con todo lo que creciera en el sierras, a mi alrededor, aclarándome cuáles debía descartar por su delgado equilibrio entre lo sanador y lo venenoso; la vida me regalo otras mujeres en México, que vinieron a sumar a lo perfecto. Desde el norte, en el estado de Coahuila, con las Mujeres Medicina del ejido de Jalpa, que sacan el oro de cada planta del desierto; hasta las Mujeres de Acaxochitlán en el estado de Hidalgo, leyendo hongos y plantas del centro del país.
Por eso, a mis sesenta años de esta vida, llega EL ESPEJO HERBÁREO, que será el compartir con ustedes, no solo mis herramientas, sino y sobre todo, el tiempo que me ha llevado saber que siempre "vale la alegría" el intento de escucharnos.
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