GEMELAS FLORIDAS
El Decimotercer Espíritu
En el corazón de mi panteón personal de arquetipos - Círculo Kawsay -, habita una figura que no
pertenece a la docena original. Es un decimotercer espíritu, nacido de una
fractura. Lo llamo La Gemela, y en su expresión más salvaje y exiliada, Saqra.
Su historia es la de una separación original.
Entre mis doce arquetipos está La Maga Warayana, la mensajera, la que trae “la
buena nueva”, la que busca nuevos horizontes para traer a su tribu lo que
existe más allá de lo conocido. Saqra es su hermana, la gemela cuyo poder sintió rechazo desde su nacimiento (lean el cuento al final de esta publicación), y se transformó en algo indómito, visceral
y temido. Saqra no es el mal; es la sombra gemela, la que carga con todo lo que
el sistema de la Maga tuvo que negar para mantenerse en control y pureza.
Este arquetipo se activa cuando sentimos, de manera profunda, que una parte
esencial y poderosa de nosotras ha sido exiliada. Puede ser nuestra rabia
sagrada, nuestra sexualidad libre, nuestra ambición feroz o nuestra
vulnerabilidad más tierna. Vivimos entonces como la "Maga Warayana"
incompleta, con un fantasma de resentimiento y potencia a nuestras espaldas, o
como la "Saqra" iracunda, desconectada del amor y la pertenencia.
¿Cómo se sana esta escisión arquetípica?
No se mata a Saqra.
No se destrona a la Maga.
La sanación es un ritual de reunificación. Es traer a la exiliada de vuelta
al círculo y escuchar su verdad. Es concederle a la que se quedó, el permiso de
ser imperfecta y total.
De este principio nace una de mis formas de trabajo más especiales: Las
Dormidas Floridas.
Las Dormidas Floridas no son dos muñecas. Es un solo ser de dos torsos,
unido por un vientre común. Es la forma material del arquetipo sanado.
En su piel y en su vestimenta, pueden llevar dos relatos que, leídos por separado, parecen
opuestos (la historia de la luz y la historia de la sombra), pero que, al
unirse en la cintura, revelan una narrativa completa.
En su vientre compartido, habita un jardín de integración. Aquí es donde el
"Tratado de Especiería" despliega su arte. Elijo una mezcla precisa
que no calma a una y excita a la otra, sino que genera un tercer estado
herbáreo: el campo simbólico donde ambas verdades pueden coexistir y nutrirse.
¿Para quién es una Dormida Florida?
Para quien siente una guerra interna entre "lo que debe ser" (Warayana)
y "lo que realmente late dentro" (Saqra).
Para quien ha exiliado una parte de su personalidad para ser aceptada, y
ahora anhela recuperarla sin saber cómo.
Para quien trabaja con el duelo de una relación simbiótica que terminó, y
necesita integrar esa "otra mitad" en su propio ser.
Para una abuela que, con sabiduría ancestral, quiere que sus dos nietas muy
diferentes jueguen a estar unidas desde la infancia, sanando en el juego lo que
en generaciones anteriores pudo ser una herida de separación.
Encargar una Dormida Florida es iniciar un pacto con la propia totalidad. Es
abrazar, literalmente, a la hermana perdida del alma y decirle: "Tu lugar
está aquí, conmigo. Juntas somos más fuertes, más reales, más completas. Ya no
hay exilio. Hay un único jardín, y es nuestro."
Todos en la aldea conocían muy bien a la maga
Warayana, siempre volvía llena de historias y regalos… pero pocos conocían a su
hermana, Saqra.
Ella había sido un caso extraño, nació del
mismo fruto que Warayana, fue la primera vez que un fruto del Árbol de los
Magos y las Estrellas, dio gemelas, dos magas juntas; solo que Saqra, no cayó
al suelo como lo hacían todos los Magos al nacer, ella quedó enredada entre las
ramas y no hubo vendaval o tormenta que la ayudara a soltarse… así como tampoco
ningún otro ser que la asistiera.
Tardes y noches, Saqra permaneció sujeta a
aquel árbol intentando soltarse, pero lo único que logró fue frustración y
preguntarse una y otra vez, por qué sus brazos y sus piernas se habían vuelto
parte del árbol que la sostenía.
Cuando se hizo adulta, en un amanecer de
invierno, una de las ramas que sostenía su mano derecha, se rompió, y eso le
permitió en un tiempo inmedible, hacer todo lo posible para soltarse por
completo. Al caer al suelo, el estruendo
repercutió en toda la comarca, sin embargo, nadie se acercó y quedó allí sin
poder ponerse de pie, pues sus músculos no le respondían.
Su piel que había visto muy poco el Sol, se había
vuelto casi transparente, sus cabellos habían crecido de tal manera que desenmarañarlos
del árbol fue una tarea que le llevó varios días. Finalmente, pudo erguirse
sobre sus dos piernas, y sosteniéndose con una rama del mismo árbol, que usó
como bastón, se alejó hasta toparse con la entrada de la Cueva, que tanto había
ayudado a cambiar a todos. En su caso,
aquella cueva transformadora, solo acrecentó su tristeza, su recelo, su
ensimismamiento…
Desde aquel tiempo, Saqra, solo se deja ver
en los inviernos, pues dicen que cuando la
tristeza y el enojo dejan tus ojos y se van para adentro, comienzan a
colarse en tu sangre, en tu piel y finalmente llegan a tu corazón, y cuando eso
ocurre, no es imposible, pero sí muy difícil quitarla de allí, para eso la
mayoría de los Magos viaja. Creen todos
en el mundo Maki, que van buscando la belleza del afuera para traerla de regalo
a su tierra, pero bien sabemos, los que en alguna vida fuimos Magos, que
siempre el motivo del viaje, es encontrar en algún lugar de este mundo el
abrazo reparador de alguien que se vuelva mamá o papá, amándonos para siempre y
a pesar de todo.
Entre todas las historias de gemelos, hay una que habla directamente al corazón de este trabajo: la de los Héroes Gemelos Mayas (Popol Vuh), Hunahpú e Ixbalanqué. Ellos no buscaban simplemente estar juntos; bajaron a los infiernos a sanar una deuda ancestral y, tras vencer a los señores de la muerte, ascendieron para convertirse en el Sol y la Luna.
Esta transformación es la metáfora más pura de lo que una Dormida Florida puede catalizar. No se
trata de que dos mitades se fundan en una masa indiferenciada. Se trata de que,
tras el descenso a la propia Xibalbá (el conflicto, la sombra), las dos partes
—tal vez una solar y ardiente, la otra lunar y reflexiva— encuentren su lugar
esencial en el cosmos personal.
Una se convierte en el Sol que da luz, dirección y fuerza vital. La otra,
en la Luna que refleja, cuida los sueños y marca los ciclos. Separadas en el
cielo, son un sistema único e indispensable. Sin una, la otra carece de sentido
y el mundo se apaga.
Al abrazar una Dormida Florida, se
abraza esta posibilidad cósmica: que las partes en conflicto o separadas de uno
mismo no tienen que anularse, sino encontrar su órbita sagrada y
complementaria, para que, juntas, iluminen la totalidad de la existencia."





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