Por qué hago "Dormidas Floridas"?
Hace algo más de diez años, escribí el "Tratado de Especiería Almica", en el que pude recopilar la voz de 45 seres: flores, semillas y especias. Aunque anteriormente había vivido en medio de la naturaleza salvaje, llegó a mi vida la oportunidad de quedarme a solas en un pequeño jardín, al que no le faltaba nada, y me dispuse a convivir con él en absoluta armonía, durante 40 días. Las plantas, dos perros, un gato y yo, nadie más.
En ese tiempo, escuché a los rosales, a las zarzamoras, a la menta, la albahaca, los chiles, el laurel, el cacao, el limón, la manzanilla... todos y cada uno, se tomaron su tiempo, como si estuvieramos en un bello encuentro de almas (que así fue, y prometo contarles más adelante la historia que me decidió a quedarme allí, por algo más de un mes, deteniendo mi vida conscientemente, solo para escuchar, lo que aquel rincón de San Miguel de Allende en México, tenía para contarme).
Pero vamos primero a la razón por la cual dejé que creciera en mí un bello jardín, que en un principio usé dentro de las paredes de mi cocina, hasta que entendí que el mundo entero debía ser poblado de flores, de árboles, y de semillas nuevas.
F L O R E S
Hay flores que crecen en raros o sucios estanques, otras brillan en el
extremo de una hilera de espinas; están las que son imperceptibles y
silvestres, pero hacen que campos enteros se vistan de lila.
Yo soy una de ellas, y posiblemente tú también.
¿Recuerdas cuando eras pequeña, cuando apenas perfumabas? Seguro todos te cuidaban y eso estaba muy
bien, sin embargo, pueden llegar vendavales o tormentas furiosas que nos
quiebran o nos arrancan de raíz.
Alejandra tenía siete años cuando fue a comprar leche al almacén junto a su
casa, por pedido de su mamá, siempre iban juntas, por lo que Don Santiago al
verla le preguntó qué necesitaba, comentándole lo linda que se veía ese
día; después de pagar y haber guardado
el mandado en la bolsa, el hombre preguntó si se iría sin saludar, que las
niñas buenas y educadas saludan de beso al despedirse.
La pequeña Ale supo en ese instante que algo estaba mal, el mundo era
bueno, así que no comprendía por qué sentía aquello indescriptible. Solo se quedó quieta mientras Don Santiago
salía detrás del mostrador que los separaba, se agachó para abrazarla, le dio
un beso en la mejilla, y tras el abrazo deslizó su mano debajo de su falda.
Alejandra hoy anda por los casi sesenta, y por primera vez en su vida, ha
contado esta historia y estuve allí para escucharla y abrazarla. Ella es una rosa de múltiples colores que
perfuma con toda su fuerza, ella tiene en sus ojos lágrimas no derramadas, y
silencios por demasiado tiempo guardados, por eso ha elegido dejar de guardar
las unas y los otros, salir a cuidar todos los jardines de la siembra de la
mala cizaña, regando los suelos que se han secado, alimentando las raíces que
se han descuidado y soltando semillas nuevas para fortalecer el mañana.
Alejandra se ha vuelto jardinera y le cuenta historias a las flores,
historias que hablan de ellas mismas, de su razón de ser, y de abrir sus bocas
sensibles y claras, para señalar a los ladrones de jardines, que siguen robando
el perfume de muchas flores.
Pasó bastante tiempo para que el jardín sanara y hablara, tal vez hasta ese reencuentro en el pequeño pero abundante jardín de San Miguel de Allende, y entonces todo aquello se transformó en un libro, y yo en "escriba".
Sin haberlo buscado me había convertido en la escriba de un mundo que no dejaba de hablar en lenguajes muy diferentes, y que necesitaba ser escuchado y transcripto, pues todo lo que decía era para el mayor bien de todos los seres que aquí vivíamos.
Finalmente llegaron las "makis", unas pequeñas muñecas tejidas, que tenían en su interior, todo "el jardín" necesario para que cada persona sanara emocionalmente, lo que debía sanar. Sin embargo, mi corazón de escriba y buscadora, no se quedó quieto, había algo más que necesitaba contar, escribir... y entonces recordé la imagen que había imaginado en los días del jardín de San Miguel de Allende... unas muñecas tejidas que llevaban escrito en su vestimenta, en forma breve, pero clara, la historia que cada persona no se animaba a leer de sí misma.
Por qué hago Dormidas Floridas?
Porque soy una mujer escriba de tiempos largos, y necesité muchos años para saber sobre la esencialidad de las cosas, pero aquí estoy tiñendo telas con cúrcuma o flor de Jamaica, con café o eucalipto, para confeccionar espejos que guardarán jardines vivientes. A través de ellas te será más fácil escuchar tu propia historia, con menos dolor, para que puedas animarte a viajar por tus adentros, hasta que cada planta, que habitará el jardín interior de tu Dormida, te despierte.
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